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sábado, 2 de octubre de 2010

EL RESPETO AL LENGUAJE

Es elemental el respeto al lenguaje, sobre lo que se fundamenta la comunicación inteligente entre las personas. Si éste se desvirtúa se engendran las herejías, ha dicho un papa de quien no recuerdo ahora su nombre.
Lo cierto es que se le ha dado un nombre a cada cosa para poder entenderse; lo que es blanco, blanco. Lo que es negro; negro… lo frío, lo caliente, lo bueno, lo malo y así todas las cosas han sido definidas necesariamente por los diferentes idiomas en la necesidad de ordenar el entendimiento humano.
Se le llama matrimonio a la unión conyugal de un hombre y una mujer, y hay infinidad de razones para hacerlo, comenzando por las etimológicas, las históricas y un sin fin de otras razones que ya han sido expuestas por muchos y en varias ocasiones.
Es verdad que siempre han existido los eufemismos, con los cuales se disfrazan intensiones al hablar, utilizando elegantemente los idiomas para que las palabras no suenen mal en los oídos de la gente.
Un ejemplo que podría citar es llamar «gay» a quien es homosexual, cuando en realidad, gay es gallo en inglés, y su connotación en español, tiene un sentido muy diferente. Se adjetiva como gallo o muy gallito, a quien son notorias sus cualidades varoniles, sobre todo en sus relaciones con su sexo opuesto, es decir: las mujeres, puesto que los gallos suelen tener muchas gallinas y son muy prolíficos.
Un lenguaje simple y llano, que llame blanco a lo blanco y negro a lo que es negro, no se considera «políticamente correcto».
Entonces hoy se buscan y seleccionan palabras elegantes para definir lo contrario sobre las relaciones entre personas, a lo que siempre se supo que era lo correcto, lo normal… es decir: de acuerdo a las reglas y a las normas, comenzando por las de orden natural y biológico, y por decirlo de un modo más doméstico y conocido: come hai fatto la tua mamma.
En la literatura, provenga de donde provenga, se suelen utilizar figuras para definir situaciones, buscando la elegancia en el decir y el ingenio para armar frases, lo que conocemos como lenguaje retórico.
Con la utilización de este tipo de lenguaje se pueden decir las peores cosas, los peores insultos, pero dentro de un marco tal, que aquél que es insultado, hasta llega a agradecer el insulto y aplaude a quien lo insulta.
Los homosexuales jamás podrán engendrar hijos entre sí, a menos que fuera que estos pudieran fecundarse mutuamente, como lo hacen ciertos bichos hermafroditas, (los caracoles de jardín, por ejemplo), pero es la misma ley natural la que les niega esa posibilidad.
También sabido, que es «políticamente correcto», tener siempre un enemigo… un adversario a quien echarle la culpa de todos los males del mundo… como en la política; que se comienza por «la gestión anterior»… «el negro pasado de las instituciones»… «los enemigos de siempre del pueblo»… «los monopolios»… (por lo general quienes recurren a este último argumento prefieren que los monopolios estén en sus manos para poder disponer de todo libremente)…luego le siguen en la lista: la oposición, la prensa y por supuesto: la Iglesia… como «gran perseguidora de quienes piensan distinto»… (¿?)
Las leyes que provienen de la religión con Dios, (religión significa religar, estar enlazado con Dios, con su moral y sus leyes, tanto en lo natural como en lo sobrenatural), y que son en definitiva las de ésta, nuestra era; la era cristiana… a partir de Cristo, Dios mismo nacido entre nosotros… aclaro esto por si hubiera sido olvidado. Jn 12,47-50 Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna.
Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»
Conviene aclarar este punto, ya que la Iglesia, quien obra en nombre de su fundador; (aclaro también esto por si no se tenía en cuenta), que es Nuestro Señor Jesucristo, no juzga ni condena ni prohíbe nada. No hace más que anunciar a las naciones el Evangelio de Cristo.
Lc 4,43 Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.»
Y la Iglesia simplemente anuncia, tal el mandato que tiene de quien ordenó que así se hiciera: Mt 28,19-20 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
Estoy hablando de la Iglesia Católica Apostólica Romana, la única fundada por Jesucristo Nuestro Señor, quien al igual que su fundador y creador, no juzga ni impone nada a nadie… y cada cual elige cómo y quien quiere ser…
No se entiende demasiado entonces los cargos contra la Iglesia que hacen estas comunidades y organizaciones lésbico-gay, travestis, transexuales y otras que andan por ahí, hasta identificándose con ideologías políticas, como esa que se denomina «putos peronistas»
En este sentido, nada más falso que la pretendida igualdad entre los hombres, ya que cada uno, para empezar; es único e irrepetible.
Y está en esa singularidad que cada uno tiene la construcción mutua y gregaria que cada persona asume en una comunidad social cualquiera; desde una pareja, hasta la humanidad entera, porque justamente en las diferencias esta la complementariedad. Dos zapatos izquierdos, no hacen un par de zapatos… esto es así, aunque sean dos…
La verdad es monumental y sólida, como una gran roca inamovible del tamaño de toda una montaña.
Hablar de matrimonio homosexual o «gay», o como se lo quiera llamar, fuera de lo que es el matrimonio entre un hombre y una mujer, es dársela contra la solidez de la monumental verdad…
Se puede quedar desarmado… desalentado y muy confundido. Y lo peor que le puede pasar es que persista en ello y no reconozca la mentira de la que quiere convencerse a sí mismo y a los demás.
La Iglesia, y las leyes que pueden desprenderse de ella y sus enseñanzas, que no son nada más que eso: enseñanzas y no imposiciones, no arremete ni contra los homosexuales ni contra nadie. Simplemente es intransigente con la mentira, puesto que está obligada por mandato mismo de Nuestro Señor Jesucristo a proclamar la verdad, es decir: el Santo Evangelio, nada más.
Hay que tener en cuenta que la Iglesia es católica, esto quiere decir: universal, y esto a su vez quiere decir: para todas las versiones, y no una sola versión masificada, lo que comprende la singularidad de cada uno y la de todos en particular, donde la igualdad pasa por lo de: todos somos igualmente diferentes y distintos, pero no masificadamente iguales.
En esto se entiende que los hombres, todos, sin distinción, pueden estar y son aceptados dentro de la Iglesia, incluso si son homosexuales puesto que la misma Iglesia, somos una comunidad de pecadores.
Si así no fuera, Nuestro Señor Jesucristo no hubiera venido por nosotros, ya que él vino por los pecadores, para salvarnos…
Mt 9,10-13 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
Por eso resulta difícil comprender tanto odio hacia la Iglesia, ya que si uno de estos gay, como así les gusta que se los llame, tuviera la horrenda desgracia de enfermar de sida, cosa posible en un mundo que no distingue ya con este flagelo; a hombres, mujeres, niños y hasta niños por nacer, y fuera a dar a una cama de hospital para terminar sus días allí, yo no sé si habrá al lado de su lecho alguno de estos políticos que han votado estas leyes autorizando y dando un marco legal a las uniones homosexuales.
Tampoco sé si habrá a su lado algunos de estos activistas que alguna vez marcharon semidesnudos por las calles manifestando su orgullo de ser «gay».
Y desconozco si habrá algunos de estos jueces que han llevado a cabo estas uniones o han favorecido esto que insisten en llamar matrimonio «gay»
Pero de lo que sí estoy seguro, es que habrá sin dudas una monjita católica para asistir al moribundo. Como también estoy seguro que a ese homosexual que estará muriendo, lo visitará algún sacerdote de la Iglesia católica.
Como siempre estuvo la Iglesia al lado de los más pobres, enfermos y necesitados, cuidando de ellos. Como cuando aquellos iluminados, que en un tiempo quemaban iglesias, profanaban monjas, y luego las mataban junto con los curas y robaban todo lo que más podían bajo el pretexto de «arreglar el mundo», y quitar del medio «el opio de los pueblos», como ellos decían…, cuando todo eso se acabó, no sólo siguió habiendo pobres, sino que su número se multiplicó en cientos de miles…, y allí estuvo la Iglesia para darles de comer, recoger los restos y reconstruir las sociedades diezmadas y desvalijadas. Para el consuelo de las familias que habían perdido a sus seres queridos en una más de las estúpidas guerras de estos que aparecen cuando todo está ordenado para desordenarlo. Y uno no se explica tanto odio, como no se explica tanta mentira, tanta deformación de la verdad y tanta aceptación por parte de las personas a las que se les miente y se les hace creer que lo malo es bueno y que lo que es contra natura es natural… comenzando con la gran confusión acerca del amor.
Hoy se le dice amor a cualquier cosa… a cualquier sustituto o placebo del amor. ¿Será por eso tanto odio… porque no abunda el amor auténtico… porque no se conoce el amor verdadero?
También eso está fuera de un lenguaje correcto entonces…
La atracción por seres del mismo sexo no es amor conyugal, puesto que el amor conyugal comprende un proyecto de vida que incluye como posibilidad la procreación. En una pareja entre mujer y hombre, si esta posibilidad no se diera en el plano biológico, podría darse en el plano legal y afectivo a través de la adopción, ya que siempre habrá una madre dentro de una mujer, y un potencial padre en un hombre.
Una unión entre dos del mismo sexo, es una unión viciosa y estéril. Viciosa porque se alimenta a sí misma de un placer meramente carnal sin ninguna otra posibilidad ni alternativa. Es una relación que no conduce fuera de los límites del mero placer carnal. Y estéril, porque ni siquiera en los participantes hay posibilidad de crecimiento y realización alguna a nivel ser humano, más que una equivocada sensación de «pertenecerse el uno al otro», que en realidad depende de muy pocos elementos para sustentarse.
En ese caso podría darse igualmente una relación de amistad, como de hecho hay millones de casos, sin la participación necesaria del sexo en una relación entre dos mujeres o dos hombres.
Es más, si se incorpora el sexo como elemento a una relación de amistad, es muy probable que esta se degrade, se corrompa y se termine.
Si es por ocuparse de algún pequeño del que nadie se ocupa y no por «poseer en propiedad» un niño a cargo, una relación de amistad entre dos del mismo sexo no encontraría impedimento en ocuparse de ese niño, del que nadie se ocupa. Incluso si fueran más de dos, que fueran un grupo más numeroso de hombres y/o mujeres que se ocuparan de uno o más niños, eso los elevaría como personas…
Pero un pretendido y mal llamado «matrimonio homosexual» que caprichosamente quiera «adoptar» un niño, el que indudablemente estará expuesto a la inmoralidad de ver o saber que las personas que lo cuidan tienen relaciones anormales entre ellos, eso es una depravación inadmisible y una prueba de la gigantesca y descomunal estupidez de la que hacen ostentación quienes proponen y apoyan estas cosas. O en todo caso, de su ignorancia y desconocimiento de los verdaderos valores, tan descomunal y gigantesco como la estupidez a la que me refería.
Ni siquiera se podría llamar relación sexual a una unión así, ya que para que haya tal, son necesarios los dos órganos sexuales, complementarios por oposición entre sí, y hasta donde yo sé, el culo no es un órgano sexual, como tampoco lo es un artefacto, por más parecido a un pene que se lo haya fabricado. Digamos entonces las cosas por sus nombres, que para eso lo tienen, porque de lo contrario nos estamos engañando entre nosotros y a nosotros mismos.

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