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sábado, 5 de marzo de 2011

Amor y conocimiento


Amor y conocimiento

            Es notable como las personas que conocemos van evolucionando; y nos parece, después de no verlas por un lapso de tiempo más o menos prolongado, ver que han cambiado. Será porque uno no conoce totalmente y de forma definitiva, sino que más bien va conociendo y nunca terminará de hacerlo. Y esto ocurre aún con los seres más cercanos y cotidianos. Un dicho que escuché muchas veces de mi mamá es: - ¡Uno nunca termina de conocer a la gente! –
            Cuando aplicaba esta frase lapidaria, sin dudas se refería a las sorpresas desagradables que se solía llevar con personas de quienes había tenido hasta ese momento, conceptos elevados, y que luego aplazaba con ese dicho, al descubrir que el tal o cual fulano tenía un defecto… había fallado… y por eso se sentía profundamente traicionada, aunque se tratara de una persona casi desconocida, ocasional e intrascendente. Esto mismo me ha pasado y por lo que sé, también a muchas personas que conozco.
            Desde luego quiero alejarme de esa interpretación y evitar eso tan feo que es encasillar o etiquetar a la gente. Cerrar juicios definitivos hoy, que mañana o pasado no tendrán ningún sentido y habrán perdido su fuerza y validez, sino que más bien estoy pensando por ejemplo, en que no se puede amar si no se conoce y al considerar seguir conociendo progresiva y constantemente a las personas se llega de esta forma ineludible a amarlas cada vez más. Por el contrario, el desconocimiento no es obstáculo para el odio. Más aún, por lo general se odia desde el desconocimiento, desde el olvido o la omisión. Se odia también por envidia de lo que el otro tiene, y muchas veces se desconoce los trabajos, los esfuerzos, los ayunos que hay detrás de lo que los otros tienen.
            ¿Será que el conocimiento de una persona requiere una actitud contemplativa y la contemplación es una cualidad fundamental en el amor? Cuando alguien se empieza a enamorar, comienza por contemplar a quien llama su atención. Como con un catalejo ve sus mejores cualidades muy aumentadas, y por el contrario, da vuelta la lente para ver sus defectos, los que parecen alejarse hasta quedar minimizados, carentes de importancia y muchas veces totalmente ausentes.           
            ¿Será que la vida es una fuente permanente de cambios evolutivos y lo que ayer era hoy ya no es? ¿Y lo que hoy es, mañana ya no será? ¿Será por eso que a cada día bástale con su propio afán?
Mt 6,34-7,1 Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal. «No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Y por lo tanto a los seres queridos, se los debe amar cada día con renovado afán y es menester contemplarlos permanentemente para conocer su constante evolución y de este modo amar con un amor renovado a cada momento, con imaginación y creatividad, como lo es el mismo amor, que es creador, creativo e imaginativo.
            Al amor se lo debe agasajar a cada instante, como el novio que visita en su casa a la novia y le lleva una flor diariamente, el niño que obsequia a su maestra el ritual del respeto y buen trato, la madre que prodiga una caricia a su hijito cada vez que éste está a su alcance, el hijo que besa a la madre porque sí, por puro impulso. Puede ser que cambiar pañales a un bebe no sea una de las tareas más agradables, pero siempre hay implícito un placer en hacerlo, porque uno siente como siente el otro, e imagina el bienestar del amado; del enfermo que es visitado, del anciano a quien se le cortan las uñas y el cabello y a quien se hace sonreír.
            En algunas novelas de antaño era común en los diálogos amorosos que él le prometiera la luna y el sol a su amada. Y de eso se trata aunque no sea la vida una novela. Cuando uno es visitado con amor, es como si recibiera el sol, su luz y su calor; y cuando uno visita a alguien que lo necesita y espera, es como llevarle un pedacito de luna que quizás ilumine un poco su noche.
            ¿Cómo se hace para amar a la distancia entonces? ¿Qué vasos comunicantes son los encargados de mantener la vigencia de ese calor, si el amor no puede basarse en los recuerdos del ser querido? Los recuerdos quedan congelados en el tiempo y no avanzan, no viven, no fecundan, no se renuevan, sólo acompañan. ¿Cómo contemplar a quien no se lo puede ver? ¿Cómo no padecer ese “mal de ausencia” que tan bien han descrito muchos autores? ¿Cómo amar a quienes ni siquiera se tienen noticias de su existencia?
            Desde una perspectiva puramente científica y desprovista de humanidad se diría que es imposible; que es un enigma que no se puede ni siquiera vislumbrar en el plano de lo exacto, de las certezas y los hechos constatados. Misterio alejado… y de tan apartado, ajeno al hombre; pero no es así.
            La diferencia está en que el ser humano está predestinado a ser alguien cada día más, y ese crecimiento solo es posible por la obra que obra el amor. El hombre, imagen y semejanza de Dios, poniendo su confianza en Él y a través de Él puede amar a quienes le son desconocidos, mucho más puede amar a los seres cotidianos que ha conocido desde siempre. Decía el beato padre Don Orione: - Sólo la caridad salvará al mundo. – He allí los vasos comunicantes del amor; la Comunión de los Santos, en la que afirmamos creer cuando rezamos el credo en la Santa Misa.
            Confieso que alguna vez, cuando me dijeron: - Si no podemos vernos no importa. Nos encontraremos allí, frente al Sagrario, – sentía una pequeña frustración, ya que era consciente que estaría a muchos Km. de distancia de ese afecto. Pero a medida que uno se va metiendo más y más en el amor, se van encendiendo luces que permiten ver cosas, como que no solamente con aquellos que están lejanos en la distancia o en el tiempo uno puede encontrarse en el Sagrario, sino que se puede estar con los seres amados que han pasado su última barrera y están mas allá de la misma vida terrena.
            El amor, como misterio relacionado con el hombre, no es totalmente cerrado al entendimiento de éste. Solo basta esforzarse un poco y Dios va concediendo algunas pistas como para encender cada vez más el deseo de acercarse a Él, después de todo Él mismo es “El Amor” y quiere llegar a todos dándose a conocer a todos, y en el conocimiento está el amor. El Señor Jesucristo, además del Amor del Padre, revela una terrible frase que dirá al final: - Apartaos de mí… yo no os conozco. – Y dirá esto como Dios. Y como Dios nos ha creado por y desde su Amor… sin embargo nos maldecirá por no haber conocido al Amor con mayúsculas. El amor sencillo, limpio, sincero, paternal, fraternal, filial, conyugal… el amor que significa ser amigo; tales son sus verdaderas expresiones, donde están siempre presentes la paciencia, la fidelidad, la generosidad, la caridad.
            ¿Cómo amar entonces al lejano, al ausente… cómo brindarle estas hermosas cualidades?  No está ni ausente ni lejano, si está en el amor. Está en mí y yo en él y tan cercano como están mis manos a las que puedo ver y sentir. Si no puedo abrazar a mi padre porque murió, abrazaré a Jesús, a quien reconoceré y encontraré en un sufriente hermano mío, en mi amigo a quien visito y escucho hablar de sus cosas.
            Si no puedo estar con mi hija, a quien no puedo acompañar, estaré con mis otros hijos aceptándolos y amándolos, despojado de cualquier reserva por temores juicios o prejuicios que pudiera yo tener.
            Pienso en la Madre Teresa de Calcuta y con mi imaginación la veo abrazando, consolando y ayudando a bien morir a seres cuya repulsión es un gran desafío a vencer por su aspecto, sus llagas abiertas, su pestilencia y en muchos casos, su propia negativa a ser ayudados, argumentando cuestiones religiosas y culturales, o por la propia ignorancia en la que han nacido y crecido, causante principal de la pobreza y miseria que los enferma de la espantosa lepra que corrompe sus propios cuerpos. Y pienso también que así, como esos cuerpos mutilados y podridos en vida, deben lucir nuestras almas a los Santos ojos de Dios, de la Santísima Virgen y de muchos de sus santos que el Padre nos envía para rescatarnos, como si fueran otras Madres Teresas, y que las rechazamos esgrimiendo nuestra propia ignorancia y miseria espiritual, e insistiendo que nuestra enfermedad no existe.
            Claro que en Calcuta, según se puede ver; la pobreza, la miseria, la enfermedad, la ignorancia y todos los males que se puedan imaginar que degradan al hombre, son algo corriente y cotidiano. Al no llamar la atención y ser corriente se transforma en una forma de vida, en una cultura, en algo aceptado y «normal». Y así veo a nuestra sociedad occidental y «cristiana»; bien alimentada, con ciertos niveles de instrucción y de salud, con aparentes órdenes morales sociales y religiosos, pero sin embargo con enfermos gravemente infectados, tan llagados y pestilentes como aquellos pobrecitos de la Santa de Calcuta, que creen que así debe ser su vida, que aquello es normal, ya que culturalmente, hoy es aceptada esa condición repugnante del alma y siguen sosteniendo: - Yo no estoy enfermo, yo no le hago mal a nadie, yo no tengo nada de que arrepentirme… yo no le debo nada a mi prójimo… yo no le debo nada a Dios. –
            Uno de los flagelos más terribles para las almas son desde siempre las sectas, arma que históricamente es utilizada por los servidores de Satanás en todos los tiempos. Divide y reinarás, pareciera ser su lema; y quizás nos afecte tanto porque las sectas, es algo que todos llevamos dentro. Siempre que creamos que solamente nuestra forma de pensar y obrar es la correcta. Que solamente nosotros tenemos la razón y la verdad, y no hagamos esfuerzos para buscar y sumarnos al Sacrificio de Jesús en la Santa Cruz quien dijo: - “Todo ha sido consumado” - ¡Consumado! Puesto en la suma común a todos. Ya no queda nada reservado para luego o para otro, como cuando se consuma un matrimonio. Lo contrario sería consumir; es decir yo me llevo mi parte y que nadie me la toque.
            La Santa Cruz, a mi modo de ver, es toda la creación. Y El Redentor redimió a toda la creación corrompida por el pecado original. Nuestro Señor Jesús fue más allá de la redención del hombre. ¡Quiso y lo hizo! Restauró todas las cosas… toda la creación. El tiempo y el no tiempo. A los vivos y a los muertos, anteriores y posteriores a su venida. Para entenderlo debemos pensarnos como una sola cosa con el resto de la creación; una continuidad puesta en el tiempo para que crezca y se desarrolle, es como si toda la humanidad, pasada presente y futura fuera un solo hombre, y desde ya cuando uno se refiere a toda la humanidad dice: “el hombre”, y es a ese hombre al que se le ha dado el imperativo de: “Creced y multiplicaos”. En qué momento preciso de la historia de su vida, un niño deja de serlo para ser un joven; o en qué momento un adulto se convierte en anciano. Un hombre es un suceso que sucede en una sucesión de sucesos y que finalmente será resucitado… suscitado nuevamente por aquél que lo amó primero y que por amor lo creó.

sábado, 5 de febrero de 2011

CARTA A LOS AMIGOS LECTORES

Queridos lectores. En marzo de este año 2011, retomaremos la continuación de nuestro querido programa radial Las Uvas del Lagar, el que fuera discontinuado por su autor y productor, Raúl Butrón, ante los intentos de censura sufridos en la emisora donde se emitía.
Con gran alegría y optimismo retomaremos las emisiones, los días jueves a partir de las 20 en nuestra propia emisora online Radio Veritate: http://radioveritate.listen2myradio.com creada para el Taller De Lectores Juan Pablo II que funciona en la Parroquia Espíritu Santo de El Talar.
Aprovechamos también para decir que hemos subido a la red un canal de televisión, VERITATE TV, el que también se podrá ver online en esta dirección: http://www.dyyno.com/channel/veritate_tv  donde se podrán encontrar videos de las actividades de nuestro taller y de la Parroquia Espíritu Santo de El Talar en general, Dios mediante.

sábado, 2 de octubre de 2010

EL RESPETO AL LENGUAJE

Es elemental el respeto al lenguaje, sobre lo que se fundamenta la comunicación inteligente entre las personas. Si éste se desvirtúa se engendran las herejías, ha dicho un papa de quien no recuerdo ahora su nombre.
Lo cierto es que se le ha dado un nombre a cada cosa para poder entenderse; lo que es blanco, blanco. Lo que es negro; negro… lo frío, lo caliente, lo bueno, lo malo y así todas las cosas han sido definidas necesariamente por los diferentes idiomas en la necesidad de ordenar el entendimiento humano.
Se le llama matrimonio a la unión conyugal de un hombre y una mujer, y hay infinidad de razones para hacerlo, comenzando por las etimológicas, las históricas y un sin fin de otras razones que ya han sido expuestas por muchos y en varias ocasiones.
Es verdad que siempre han existido los eufemismos, con los cuales se disfrazan intensiones al hablar, utilizando elegantemente los idiomas para que las palabras no suenen mal en los oídos de la gente.
Un ejemplo que podría citar es llamar «gay» a quien es homosexual, cuando en realidad, gay es gallo en inglés, y su connotación en español, tiene un sentido muy diferente. Se adjetiva como gallo o muy gallito, a quien son notorias sus cualidades varoniles, sobre todo en sus relaciones con su sexo opuesto, es decir: las mujeres, puesto que los gallos suelen tener muchas gallinas y son muy prolíficos.
Un lenguaje simple y llano, que llame blanco a lo blanco y negro a lo que es negro, no se considera «políticamente correcto».
Entonces hoy se buscan y seleccionan palabras elegantes para definir lo contrario sobre las relaciones entre personas, a lo que siempre se supo que era lo correcto, lo normal… es decir: de acuerdo a las reglas y a las normas, comenzando por las de orden natural y biológico, y por decirlo de un modo más doméstico y conocido: come hai fatto la tua mamma.
En la literatura, provenga de donde provenga, se suelen utilizar figuras para definir situaciones, buscando la elegancia en el decir y el ingenio para armar frases, lo que conocemos como lenguaje retórico.
Con la utilización de este tipo de lenguaje se pueden decir las peores cosas, los peores insultos, pero dentro de un marco tal, que aquél que es insultado, hasta llega a agradecer el insulto y aplaude a quien lo insulta.
Los homosexuales jamás podrán engendrar hijos entre sí, a menos que fuera que estos pudieran fecundarse mutuamente, como lo hacen ciertos bichos hermafroditas, (los caracoles de jardín, por ejemplo), pero es la misma ley natural la que les niega esa posibilidad.
También sabido, que es «políticamente correcto», tener siempre un enemigo… un adversario a quien echarle la culpa de todos los males del mundo… como en la política; que se comienza por «la gestión anterior»… «el negro pasado de las instituciones»… «los enemigos de siempre del pueblo»… «los monopolios»… (por lo general quienes recurren a este último argumento prefieren que los monopolios estén en sus manos para poder disponer de todo libremente)…luego le siguen en la lista: la oposición, la prensa y por supuesto: la Iglesia… como «gran perseguidora de quienes piensan distinto»… (¿?)
Las leyes que provienen de la religión con Dios, (religión significa religar, estar enlazado con Dios, con su moral y sus leyes, tanto en lo natural como en lo sobrenatural), y que son en definitiva las de ésta, nuestra era; la era cristiana… a partir de Cristo, Dios mismo nacido entre nosotros… aclaro esto por si hubiera sido olvidado. Jn 12,47-50 Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna.
Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»
Conviene aclarar este punto, ya que la Iglesia, quien obra en nombre de su fundador; (aclaro también esto por si no se tenía en cuenta), que es Nuestro Señor Jesucristo, no juzga ni condena ni prohíbe nada. No hace más que anunciar a las naciones el Evangelio de Cristo.
Lc 4,43 Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.»
Y la Iglesia simplemente anuncia, tal el mandato que tiene de quien ordenó que así se hiciera: Mt 28,19-20 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
Estoy hablando de la Iglesia Católica Apostólica Romana, la única fundada por Jesucristo Nuestro Señor, quien al igual que su fundador y creador, no juzga ni impone nada a nadie… y cada cual elige cómo y quien quiere ser…
No se entiende demasiado entonces los cargos contra la Iglesia que hacen estas comunidades y organizaciones lésbico-gay, travestis, transexuales y otras que andan por ahí, hasta identificándose con ideologías políticas, como esa que se denomina «putos peronistas»
En este sentido, nada más falso que la pretendida igualdad entre los hombres, ya que cada uno, para empezar; es único e irrepetible.
Y está en esa singularidad que cada uno tiene la construcción mutua y gregaria que cada persona asume en una comunidad social cualquiera; desde una pareja, hasta la humanidad entera, porque justamente en las diferencias esta la complementariedad. Dos zapatos izquierdos, no hacen un par de zapatos… esto es así, aunque sean dos…
La verdad es monumental y sólida, como una gran roca inamovible del tamaño de toda una montaña.
Hablar de matrimonio homosexual o «gay», o como se lo quiera llamar, fuera de lo que es el matrimonio entre un hombre y una mujer, es dársela contra la solidez de la monumental verdad…
Se puede quedar desarmado… desalentado y muy confundido. Y lo peor que le puede pasar es que persista en ello y no reconozca la mentira de la que quiere convencerse a sí mismo y a los demás.
La Iglesia, y las leyes que pueden desprenderse de ella y sus enseñanzas, que no son nada más que eso: enseñanzas y no imposiciones, no arremete ni contra los homosexuales ni contra nadie. Simplemente es intransigente con la mentira, puesto que está obligada por mandato mismo de Nuestro Señor Jesucristo a proclamar la verdad, es decir: el Santo Evangelio, nada más.
Hay que tener en cuenta que la Iglesia es católica, esto quiere decir: universal, y esto a su vez quiere decir: para todas las versiones, y no una sola versión masificada, lo que comprende la singularidad de cada uno y la de todos en particular, donde la igualdad pasa por lo de: todos somos igualmente diferentes y distintos, pero no masificadamente iguales.
En esto se entiende que los hombres, todos, sin distinción, pueden estar y son aceptados dentro de la Iglesia, incluso si son homosexuales puesto que la misma Iglesia, somos una comunidad de pecadores.
Si así no fuera, Nuestro Señor Jesucristo no hubiera venido por nosotros, ya que él vino por los pecadores, para salvarnos…
Mt 9,10-13 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
Por eso resulta difícil comprender tanto odio hacia la Iglesia, ya que si uno de estos gay, como así les gusta que se los llame, tuviera la horrenda desgracia de enfermar de sida, cosa posible en un mundo que no distingue ya con este flagelo; a hombres, mujeres, niños y hasta niños por nacer, y fuera a dar a una cama de hospital para terminar sus días allí, yo no sé si habrá al lado de su lecho alguno de estos políticos que han votado estas leyes autorizando y dando un marco legal a las uniones homosexuales.
Tampoco sé si habrá a su lado algunos de estos activistas que alguna vez marcharon semidesnudos por las calles manifestando su orgullo de ser «gay».
Y desconozco si habrá algunos de estos jueces que han llevado a cabo estas uniones o han favorecido esto que insisten en llamar matrimonio «gay»
Pero de lo que sí estoy seguro, es que habrá sin dudas una monjita católica para asistir al moribundo. Como también estoy seguro que a ese homosexual que estará muriendo, lo visitará algún sacerdote de la Iglesia católica.
Como siempre estuvo la Iglesia al lado de los más pobres, enfermos y necesitados, cuidando de ellos. Como cuando aquellos iluminados, que en un tiempo quemaban iglesias, profanaban monjas, y luego las mataban junto con los curas y robaban todo lo que más podían bajo el pretexto de «arreglar el mundo», y quitar del medio «el opio de los pueblos», como ellos decían…, cuando todo eso se acabó, no sólo siguió habiendo pobres, sino que su número se multiplicó en cientos de miles…, y allí estuvo la Iglesia para darles de comer, recoger los restos y reconstruir las sociedades diezmadas y desvalijadas. Para el consuelo de las familias que habían perdido a sus seres queridos en una más de las estúpidas guerras de estos que aparecen cuando todo está ordenado para desordenarlo. Y uno no se explica tanto odio, como no se explica tanta mentira, tanta deformación de la verdad y tanta aceptación por parte de las personas a las que se les miente y se les hace creer que lo malo es bueno y que lo que es contra natura es natural… comenzando con la gran confusión acerca del amor.
Hoy se le dice amor a cualquier cosa… a cualquier sustituto o placebo del amor. ¿Será por eso tanto odio… porque no abunda el amor auténtico… porque no se conoce el amor verdadero?
También eso está fuera de un lenguaje correcto entonces…
La atracción por seres del mismo sexo no es amor conyugal, puesto que el amor conyugal comprende un proyecto de vida que incluye como posibilidad la procreación. En una pareja entre mujer y hombre, si esta posibilidad no se diera en el plano biológico, podría darse en el plano legal y afectivo a través de la adopción, ya que siempre habrá una madre dentro de una mujer, y un potencial padre en un hombre.
Una unión entre dos del mismo sexo, es una unión viciosa y estéril. Viciosa porque se alimenta a sí misma de un placer meramente carnal sin ninguna otra posibilidad ni alternativa. Es una relación que no conduce fuera de los límites del mero placer carnal. Y estéril, porque ni siquiera en los participantes hay posibilidad de crecimiento y realización alguna a nivel ser humano, más que una equivocada sensación de «pertenecerse el uno al otro», que en realidad depende de muy pocos elementos para sustentarse.
En ese caso podría darse igualmente una relación de amistad, como de hecho hay millones de casos, sin la participación necesaria del sexo en una relación entre dos mujeres o dos hombres.
Es más, si se incorpora el sexo como elemento a una relación de amistad, es muy probable que esta se degrade, se corrompa y se termine.
Si es por ocuparse de algún pequeño del que nadie se ocupa y no por «poseer en propiedad» un niño a cargo, una relación de amistad entre dos del mismo sexo no encontraría impedimento en ocuparse de ese niño, del que nadie se ocupa. Incluso si fueran más de dos, que fueran un grupo más numeroso de hombres y/o mujeres que se ocuparan de uno o más niños, eso los elevaría como personas…
Pero un pretendido y mal llamado «matrimonio homosexual» que caprichosamente quiera «adoptar» un niño, el que indudablemente estará expuesto a la inmoralidad de ver o saber que las personas que lo cuidan tienen relaciones anormales entre ellos, eso es una depravación inadmisible y una prueba de la gigantesca y descomunal estupidez de la que hacen ostentación quienes proponen y apoyan estas cosas. O en todo caso, de su ignorancia y desconocimiento de los verdaderos valores, tan descomunal y gigantesco como la estupidez a la que me refería.
Ni siquiera se podría llamar relación sexual a una unión así, ya que para que haya tal, son necesarios los dos órganos sexuales, complementarios por oposición entre sí, y hasta donde yo sé, el culo no es un órgano sexual, como tampoco lo es un artefacto, por más parecido a un pene que se lo haya fabricado. Digamos entonces las cosas por sus nombres, que para eso lo tienen, porque de lo contrario nos estamos engañando entre nosotros y a nosotros mismos.

domingo, 12 de septiembre de 2010

LOS LÍDERES Y LA DEMOCRACIA ARGENTINA

Hoy, lo que se conoce como democracia, dista mucho de serlo de verdad. Han creado un sistema con ciertos parecidos, pero con características tales que hacen el camino llano a los incapaces de hacer algo por los pueblos, pero muy capaces para lograr sus propios beneficios y objetivos.
Tal como está hoy planteada esta pseudo democracia, que en realidad es más bien una anarquía atea con barniz de democracia, es el caldo ideal que se han ido generando ellos mismos: los demagogos.
Los demagogos no tienen más Dios que la soberanía del pueblo ni más templos que los comités, donde hacen culto a su extravagante deidad: ellos mismos, y por soberanía del pueblo no entienden más que la voluntad y dictados de su propio partido.
En sus lugares de reunión, tal como si fueran los cuarteles de su alto mando, se reúnen a pergeñar estrategias para la destrucción sistemática de las instituciones tradicionales establecidas y sabotear todo noble intento, venga de donde venga, de salvaguardar dichas instituciones.
Pretendidamente dicen querer el orden y la paz, pero sus verdaderas intenciones ¡y sobre todo acciones!, apuntan más bien a todo lo contrario; a saquear, a matar, a robar, a destruir y sacudir permanentemente a la sociedad con conflictos y tensiones de todo tipo, aunque sus discursos, en tiempos en que esto no les es posible, están cargados de palabras humanitarias y van encendiendo una vela por la paz cada vez que se dirigen al pueblo.
Desde los gobiernos de los países, y en nombre de este sistema actual al que pomposamente llaman «democracia», reinante en gran parte del mundo, se subvenciona grandemente a estos partidos, mediante la previa legislación establecida a este fin, y que se ha plantado como una semilla maligna en sus cartas magnas, esperando el cíclico momento de retornar y cambiar el poder de manos, ya que la demagogia está en el oficialismo de hoy, que será la oposición de mañana, y en la oposición de hoy, que será el oficialismo de mañana.
Quienes pertenecen a esta especie de prosapia que es la demagogia, hacen de ella un verdadero arte. Sobre todo en sus discursos públicos, donde ambos lados, oficialismo y oposición despliegan toda su verbosidad como la cola de los pavos reales en los foros de discusión pública; congresos, consejos, etc. y hasta en los medios de comunicación.
Hasta llegan a ser admirados en el exterior por sus discursos… citados y hasta emulados en otras partes del mundo.
Y mientras los ciudadanos se arroban detrás de sus palabras, ellos se roban todo lo que más pueden de los bienes que son comunes a todos… y lo que no se pueden robar, lo venden o lo dan en concesión de por vida y se quedan con el cobro de las ganancias.
Y así se va perdiendo cada vez más de una nación como la nuestra, en la que los ciudadanos estamos sometidos dulcemente con cuentos de sueños de patrias grandes, que nunca llegarán a serlo por los caminos propuestos por la casta de los demagogos.
Aunque tarde o temprano, las dificultades del país, que ellos mismos han generado, mueve también el piso donde están parados.
Entonces salen a cazar enemigos y culpables.
Los primeros de la lista son los del pasado… esos a los que se refieren como: -la pesada carga recibida de la gestión anterior-…
Y se sigue buscando y rebuscando, sirviéndose de las legítimas instituciones, previa y convenientemente contaminadas y corrompidas, en años cada vez más lejanos en la historia, hasta que ya es dificultoso encontrarlos vivos.
Entonces se buscan otros culpables y se apunta seguidamente el periodismo, a los medios de comunicación, que como por arte de magia se convierten entonces en los peores enemigos de los pueblos.
Pueblos que pasan a dividirse y a tomar partido por causas distintas en vez de abrazar una sola causa: la construcción de una nación.
Las naciones se dividen espiritualmente. El espíritu como nación se fragmenta en pedazos que ya no encajan… y ya se sabe: los reinos divididos no existen. Si un reino se divide en dos, ya no es un reino; son dos reinos diferentes.
Y se establece lo irreconciliable, lo irreparable, que recuerda aquél dicho diabólico de: divide y reinarás…
Por un lado el ateismo y por otro el fundamentalismo que se aprovechan de ese espíritu abierto como nación que tradicionalmente ha tenido un país como el nuestro, llegados desde lugares remotos con las grandes corrientes de inmigraciones ocurridas en ciertos momentos de nuestra historia como patria, arribando a estas tierras pos su promesa de libertad, trabajo, seguridad y prosperidad, y encontrando a la vez campo fértil para sus ideas, filosofías, teorías, con las que sistemáticamente se ha experimentado sobre un pueblo tradicionalmente puro y no contaminado con las aberraciones europeas del ateísmo práctico de aquellos filósofos y científicos que los demagogos se han encargado de difundir como grandes pensadores y aportadores con sus ideas a la humanidad. Pero no es otra cosa que el ir quitando mediante este sistema de penetración cultural, los verdaderos y genuinos valores en las personas, hasta llegar a dejarlos sin Dios ni conciencia, convertidos en autómatas masificados, fácilmente manejables y convenientemente utilizables.
Pero es menester vaciarlos antes. Vaciar su religión, su conciencia… dejarlos sin refugios para que sean siempre vulnerables y fácilmente «encontrables».
Que no tengan sentido de familia, de dignidad, de la vida, para que todo lo que consideran de valor sea el partido, el movimiento… y luego, en último lugar: ellos, los hombres.
Los hombres pasan… las instituciones quedan… dirán… poniendo a las instituciones en el supremo lugar, en el altar de los dioses a los que los demagogos dicen que hay que adorar.
Mientras tanto, el combate que se libra cotidianamente en las calles y en todo lugar, donde reina el miedo, el terror y la muerte por dos pesos. Esa guerra sin ejércitos ni policía que la combatan, puesto que las instituciones han sido desmanteladas convenientemente, o reducidas en sus tareas, acotando y supeditando sus funciones a otros burocráticos poderes, en la que los ciudadanos quedan expuestos en su integridad, en su seguridad, en sus derechos auténticos y genuinos de hijos legítimos de una nación que se supone «libre y soberana», y que sin embargo se encuentra subyugada por los demagogos, que se refugian y se valen de lo que ellos llaman: «la justicia del pueblo», donde el «mayor número», cualquiera sea la cantidad y calidad significa «todo el derecho y la razón».
Su poder está en «la urna electoral», a la que adoran como si fuera el arca de la alianza, y a la que hacen adorar a todo el pueblo, puesto que se lo convence de que solamente allí está su poder… el único que existe y el que les pertenece… ¡su mayor herencia está allí con todos sus derechos!…
Su mayor rango como ciudadanos y como seres humanos en la cumbre de la escala zoológica ¡es su derecho a votar!… en la posibilidad de elegir y de ser elegidos… lo que significa ya no sólo pertenecer a un lado o a otros en un país dividido a lo largo y a lo ancho en partidismos, sino ingresar, al ser elegidos, en una casta… en el otro tipo de división en capas de sociedad. Ya no en divisiones geográficas donde se pueden apreciar los colores de las zonas, de las regiones, de las provincias etc., sino de las escalas sociales divididas en castas y regidas por el mismo sistema sucesorio.
Si por fortuna, un ciudadano común, «salido del montón», como se suele decir, llega a ingresar al mundo de la demagogia, (para esto debe convertirse previamente a la religión de la demagogia), llegará a pertenecer o a iniciar una casta, donde compartirá secretamente al principio y luego ya no importará, los «beneficios de pertenecer».
Y bastará con que dé muestras cabales de su conversión con actos verdaderamente audaces a los principales «sumos sacerdotes» de la demagogia, quienes lo convocarán y lo ayudarán a colocarse en lugares de privilegio dentro de una de las castas de la demagogia, donde incluso podrá ir ascendiendo hasta tener él mismo su propia iniciativa demagógica y pasar a integrar ese ciclo donde a veces se es oficialismo y otras veces oposición.
Pero las castas, al ser divididas como las capas de un sándwich, abarcan toda la nación y llegan a cubrir todo el territorio, mientras que los partidarios de uno u otro demagogo se ven reducidos a una parte o fracción del imaginario mapa de la nación, no pudiendo avanzar sobre determinadas fronteras o no pudiendo salir de determinados círculos, puesto que están encerrados en una ideología, sobre la que se le ha convencido que la posee por decisión propia.
Aquél que pertenece o ingresa a estas castas, tiene sin embargo libre acceso a cualquier territorio. Puede llegar a donde quiera ir sin obstáculos ni problemas, ya que las castas a todos lados llegan.
Esto que parece un galimatías no lo es.
Los pueblos con un gobierno que no se desbarate al mandar, deben hacerlo desde una autoridad indiscutible. Pero si se comienza a discutir por qué tal o cual tiene el derecho de mandar, allí se derrumba la obediencia.
Cuando Nuestro Señor Jesucristo dice a Pilato: No tendrías sobre mí ningún poder si no se te hubiera dado desde lo alto, se refiere al origen genuino del poder que proviene de Dios, tal como lo tiene Él mismo.
Y ahí está entonces, donde el demagogo, quita a Dios del medio y hace esta pregunta: ¿por qué tal o cual tiene el derecho de mandar?
El preámbulo de nuestra constitución así lo dice: Dios, fuente de toda razón y justicia… y de Él todas las leyes… comenzando por las cósmicas, por las cuales los planetas se mantienen en perfecto orden y no se chocan, hasta las leyes que conocemos como naturales… comenzando por la ley gravitacional que nos mantiene pegados al piso. Y de ahí las leyes morales y las que le siguen, que en definitivas provienen todas de las mismas leyes sobrenaturales de Dios. Y ahí entonces el conflicto, y nuevamente la pregunta: ¿por qué tal o cual tiene el derecho de mandar?… ¿no es más justo que nosotros decidamos quien nos mande?
Cuando la única razón de que cualquier gobierno esté en el poder es la mayoría, a cada instante se lo puede poner en discusión, ya que las mayorías son sumamente inestables. Un partido la tiene hoy, pero mañana la puede perder. Y la peor infección ideológica que puede contraer cualquier pueblo es la de «la igualdad».
En la naturaleza y según cualquier otra ley, no hay dos seres iguales, comenzando por aquello que dice que somos únicos e irrepetibles.
En la naturaleza está dominada por una cualidad que se puede definir como: «aristocracia», que tiende a la selección natural de los más aptos y dominantes, y estos a su vez se encaminan a conducir y valerse de sus dominados, como los dominados, se inclinan a seguir y beneficiarse de los dominadores… jefes de manadas etc.
Esto mismo lo declaman con su conducta los más enardecidos que reclaman contra los privilegios y denuncian estas diferencias.
No les bastan las infinitas desigualdades que por naturaleza hay entre los hombres que crean otras artificiales que no les repugnan cuando son en provecho de ellos. Quieren distinguirse en alguna forma. Poseer una llave que abra las puertas cerradas para los demás. Conseguir una chapa oficial para su automóvil. Algún distintivo o medalla para su pecho o algún privilegio.
Cuando impera la doctrina de que todos somos iguales y lo contrario es discriminación, cualquier desigualdad engendra el sentimiento diabólico de la envidia. No envidiamos al que posee o al que manda, si éste es superior a nosotros, sino al que posee o nos manda, ¡siendo nuestro igual!
Mientras más pobre es una de espíritu, más confianza tiene en su propia capacidad, porque es incapaz de juzgar rectamente a los demás.
Se han declamado infinitas sandeces contra el derecho divino de los reyes y gobernantes, y contra la doctrina católica que dice que la autoridad del que gobierna no viene del pueblo sino de Dios.
Aún suponiendo que esta doctrina no fuera cierta, sería una de las más sagaces invenciones del ingenio y su antiquísimo autor, habría penetrado en las mentes humanas mucho mejor y más profundo que los modernos sociólogos y psicólogos de nuestra avanzada y post-moderna época, y habría comprendido que a la autoridad del que manda hay que darle un fundamento estable y natural, y no esa pobre contabilidad del sufragio universal. O sea: del voto de la mayoría, de la mitad más uno, que a cada minuto cambia.
Si no hay superioridad natural o sobrenatural permanente no hay jefe legítimo. Aquél que no se apoye más que en una votación, que no significa más que en una voluntad de ayer, no puede invocarla contra ella misma, si se siente distinta de ayer. Y aunque yo me haya comprometido a no cambiar de idea por un período de cuatro años, y en realidad la he cambiado y tengo la mayoría suficiente para hacerlo, ¿quién puede alegar derechos adquiridos contra esa mayoría?… ¡fuente única de toda autoridad!…
Fundar el poder sobre las mayorías, es asentar sobre arena el pesadísimo edificio del orden social. Se necesitan cimientos de piedra. Un solo voto que se cruce de vereda manda al diablo la autoridad que en él se fundaba.
En cambio, a un rey que reina porque es hijo de reyes y es heredero de una corona, no le pueden discutir sus títulos ni siquiera sus propios hermanos, porque él es el primogénito… y en todo caso; nunca serán muchos los que se sientan con derecho a discutírselo.
También a un jefe que manda porque se impuso a causa de su genio; César, Tamerlán o el mismo Mahoma… tampoco lo pueden discutir sino sus iguales y éstos no han de ser muchos.
Convencer a un pueblo que quien manda y lo oprime, no tiene más poder que el que ayer le prestó la mayoría, es quitar al gobierno su fundamento sagrado y hacerlo una simple criatura de la más caprichosa entidad que existe en el mundo: «la opinión pública», mujerzuela impresionable y tornadiza que hoy lleva al héroe coronado al capitolio, y mañana, sin dar tiempo a que se marchiten las flores de la popularidad lo despeña desde la roca Tarpeya.
Hoy piensa negro y mañana piensa rojo… y sigue creyéndose infalible…
¡Y pensar que hay filósofos de cabeza blanca, que no creen en la infalibilidad de la Iglesia con su unidad doctrinaria de veinte siglos… ¡pero creen en la infalibilidad de la mitad más uno!… que se rectifica cada seis meses… y se contradice cada año…
Por más vuela que se le de, la verdad es esta: el mundo no puede ser gobernado sino por hombres a quienes la naturaleza haya hecho superiores por el nacimiento, que son los príncipes hereditarios, o por el genio o el valor, que son los caudillos.
La tiranía de mil, que es la orgía demagógica, es mil veces peor que la tiranía de uno. La anarquía oprime a los individuos y da rienda suelta a la muchedumbre. La dictadura enfrena a la muchedumbre y da libertad al individuo. Cuando la tiranía del populacho se prolonga sobreviene tal desbarajuste, que el pueblo, ¡el verdadero pueblo!, ansía un libertador.
El hombre enérgico capaz de cortar las cien cabezas de aquella hidra monstruosa… y entonces ocurre éste asombro: El mismo pueblo que antes creía en su propia infalibilidad ya no piensa en elegir él mismo a ese libertador, porque intuitivamente sabe que todo producto de un plebiscito es un ser mediocre y que lo que se necesita aquí, es un ser superior.
Espera a alguien no electo y ni bien aparece, lo reconoce y arrojando por la borda como un lastre inútil la doctrina de la elección popular.
Alguna vez, aquél jefe no electo, que se impuso por su propio genio, ha tenido el capricho de convocar al pueblo para que sancione su autoridad…
Hay que ver la alegría con que el pueblo se precipita a las urnas demostrado cuan ufano está de hoy que lo llamen para endosar el hecho consumado.
Esto es un plebiscito: la firma del pueblo sobre la espalda de un dictador.
No hay ejemplo en la historia de que los plebiscitos hayan jamás resultado adversos a los grandes caudillos no elegidos.
El pueblo los vota siempre con entusiasmo… y si no lo votara, el no elegido se encogería de hombros y seguiría gobernando seguro de que su autoridad le viene de Dios y no del pueblo.
El verdadero pueblo tiene asco de la política y una romántica debilidad por esos jefes que suprimen la política.
El gran caudillo que no debe su autoridad al comité, es siempre un hombre superior, sanea el ambiente y libra al pueblo de los infinitos caciques de barro, cuyas pequeñas tiranías mortifican más que las complicadas institucionalidades de un rey absoluto.
Un grano de arena en el zapato es mil veces más fastidioso que un obelisco construido sin ley en medio de una plaza.
Y por un obelisco que se erige cada cuatro siglos con deficiencias institucionales, el cacique de barro me llena de arena los zapatos cada cuatro días. Esta larga explicación, talvez ayude a entender un poco mejor la decisión de algunos caudillos de derrocar esas formas de gobierno que finalmente resultaron molestas a gran parte de la sociedad, que vio con beneplácito como marcharon soldados y tanques por las calles de las ciudades argentinas.
Pero no hubo nobleza ni realeza en los más encumbrados mandantes y al parecer, su autoridad tampoco provenía de Dios.
Provenía sí de algunas de las castas aristocráticas institucionalizadas y hasta talvez hubo alguna intención, pero ningún intento fehaciente, por atenerse a las leyes supremas. Esas leyes que ponen arriba de todo y por delante de todo a la vida como valor supremo, luego la patria, la propiedad privada etc.
Con el agravante que entre los subordinados se infiltraron también muchos caciques de barro con sus «Motus propio operandi» y sin adherir fielmente al espíritu original de los liderazgos más altos, y aunque parezca increíble; arrastrando y precipitando a muchos de estos líderes de entonces al sitio mismo de los demagogos, quienes dando la espalda a sus antiguos postulados e ideales de levantar y llevar las banderas de Dios y de su Iglesia como signo de sus gobiernos, también cayeron en el lugar común del ateismo, en definitiva; quedaron muchos de ellos enmarcados en la misma demagogia atea que intentaron destruir y erradicar de la nación.
Esos líderes naturales que nacieron así, de acuerdo a una selección natural de la especie, para mandar, para conducir, para gobernar, se corrompieron.
Han corrompido, muchos de ellos su corazón y han pactado con aquél poder que lo promete todo y nada concede, porque no puede dar nada… porque no tienen nada. Han hecho de su corazón puro un manojo de corrupción insensible e insaciable. Los insensibles necesitan de cada vez mayores estímulos para seguir sintiendo. Como esos a quienes les gusta escuchar alto el volumen de la música y se van quedando sordos… insensibles. Entonces necesitan elevar cada vez más el volumen dado a su insensibilidad.
Igualmente pasa con el poder si no se posee pureza de corazón. El poder los va haciendo insensibles y necesitan cada vez más poder para sentirse poderosos. Necesitan que sus baños de masas sean cada vez más numerosos y frecuentes si lo que los ha llevado al poder son las masas.
Necesitan tener cada vez más dinero, si lo que los ha llevado al poder es el dinero… y por lo general no es una sola cosa, sino que se combinan los poderes; los legítimos con los ilegales y todos los demás.
Y así, ese círculo vicioso al que solo puede exorcizar un corazón puro de un rey, de un soldado, de un caudillo, cacique, presidente o lo que fuera, se apodera de éstos y los desvirtúa… pierden sus virtudes originales con que Dios y la naturaleza los habían dotado para bien de todos.

martes, 20 de abril de 2010

TALVEZ SEA ESTE EL MOMENTO DE LOS COMUNICADORES CATÓLICOS

Talvez sea este el momento de los comunicadores católicos de todas las áreas para unirnos y estrechar filas en nuestra Santa Madre Iglesia y unificar criterios y conceptos, coherentes con lo que decimos creer y practicar, y en defensa de nuestro bienamado papa Benedicto XVI, ya que como se suele escuchar: «Iglesia somos todos». Somos nosotros y nuestro prójimo… nuestro próximo, los que tenemos a nuestro lado, con quienes convivimos, nuestras familias y amigos… y nuestro prójimo son los próximos, los que nos sucederá luego de nuestra partida de este mundo, por lo que cualquier ataque a la cabeza de la Iglesia; nuestro papa, es un ataque a la Iglesia, a nosotros mismos y los nuestros. De ahí es que veo la urgencia por decir todo aquello que en los grandes y pequeños medios es obviado, no dicho o mal informado.
Sí, es cierto: es más noticia un avión que cae que miles y miles que llegan felizmente a destino. Y a eso me refiero: debemos hablar de la felicidad, de esos aviones que llegan con felicidad. De esos nadie habla y es hora de comenzar a hacerlo. Estos foros son una excelente instancia para la reunión y el conocimiento de los que de alguna manera estamos relacionados con los medios. Quizás podamos comenzar a mover las ruedas de las buenas noticias y no sólo las de las catástrofes en el mundo. Hoy día es más noticia el pecado que la santidad en el mundo. Es menester cambiar eso para un comunicador católico, además de un deber.

sábado, 3 de abril de 2010

LAS IDEOLOGÍAS

A esta altura y en este punto de las civilizaciones del mundo, pareciera que las ideologías ya no tienen demasiado sentido.

Hoy la China comunista de Mao consume Coca-Cola y Mc'Donals. Esto pudimos constatarlo en los juegos olímpicos de Beijing (Pekín) de 2008. Claro que no todos en China, pero la sensación que tiene el mundo y la nueva visión que irradia China al mundo parecen decir así.

Sin embargo, no es que las ideologías hayan desaparecido o vayan a desaparecer, ya que la ideología, pasa por un «sentimiento de pertenecer», por lo que la condición gregaria que tiene el hombre, hace que éste las cree constantemente.

Es así como aparecen las hinchadas de fútbol, los partidos políticos y hasta pseudo religiones o grupos religiosos, que no van más allá de ser una mera ideología. También aparecen los movimientos y tendencias sociales, por ejemplo, como la ideología de género, tan interesadamente propiciada por determinados círculos y centros de poder político-económicos, o el famoso feminismo; que no es más que un feminismo ideológico. Es decir: es un falso feminismo, que para nada libera a la mujer. Todo lo contrario; arranca a la mujer de sus condiciones naturales como tal y la somete a muchos tipos de esclavitudes, como la del sexo libre y sin amor, a la homosexualidad, a la falta de compromiso y de valores morales, y la aparta de toda su dignidad que como mujer tiene y le pertenece.

En definitiva, ese feminismo ideológico, muy bonito en sus grandilocuentes postulados de libertad etc., no es otra cosa que una forma salvaje de degradación de la mujer y es hacerla perder toda su condición, justamente femenina.

Lo que distingue a la mujer es justamente su feminidad. ¿Alguien podrá decirme si conoce alguna feminista que sea realmente femenina?

Basta con ver los motivos que tienen para sus congresos y sus foros, para ver que para empezar, están a favor de la muerte de sus propios hijos. ¡No quieren!… ¡No desean tener hijos! Sólo quieren pasarla bien y acceder viciosamente a una práctica sexual sin ningún tipo de responsabilidad ni obligación… es decir: sin ningún tipo de amor o siquiera cariño por el hombre que solamente cumplirá la función de un artefacto. Con lo que queda también éste también meramente degradado a una condición animal salvaje, con el perdón de los animales salvajes.

Tampoco parecen quererse ellas mismas, ya que llenan de drogas y medicamentos que naturalmente no necesitan. Esto lo hacen para no concebir o para abortar, y poder seguir con lo que ellas, ideológicamente, interpretan como una «vida libre», que en realidad es un camino seguro a enfermedades propias de la promiscuidad y de los excesos.

Las ideologías sólo comienzan a desdibujarse con los años que va alcanzando una persona. Así lo aseguran quienes dicen que uno es de izquierda cuando es joven, pero luego va cambiando con los años, si le van bien las cosas y consigue algunos logros, termina siendo de derecha, según el estereotipo ideológico que tienen estos dos conceptos.

¿Qué pasará entonces cuando las feministas ya no tengan un cuerpo tan apetente de placeres? ¿Quién la acompañará en su vejez si no ha formado una familia con hijos, o un marido con el que realmente haya hecho un compromiso y trazado un proyecto de vida con él?

Pienso que habrá muchas personas solas en algunos años. Muchas más que las que ahora lo están.

Quizá lleguemos, y tal vez no estemos muy lejos, de ser un país como muchos de África, llenos de riquezas naturales en su suelo, en el que pisa un pueblo pobre y sometido ideológicamente.

Los estados no estarían tan interesados en la educación pública, si no fuera que éste es un medio para inocular a las generaciones futuras este tipo de ideologías esclavizantes.