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sábado, 5 de marzo de 2011

Amor y conocimiento


Amor y conocimiento

            Es notable como las personas que conocemos van evolucionando; y nos parece, después de no verlas por un lapso de tiempo más o menos prolongado, ver que han cambiado. Será porque uno no conoce totalmente y de forma definitiva, sino que más bien va conociendo y nunca terminará de hacerlo. Y esto ocurre aún con los seres más cercanos y cotidianos. Un dicho que escuché muchas veces de mi mamá es: - ¡Uno nunca termina de conocer a la gente! –
            Cuando aplicaba esta frase lapidaria, sin dudas se refería a las sorpresas desagradables que se solía llevar con personas de quienes había tenido hasta ese momento, conceptos elevados, y que luego aplazaba con ese dicho, al descubrir que el tal o cual fulano tenía un defecto… había fallado… y por eso se sentía profundamente traicionada, aunque se tratara de una persona casi desconocida, ocasional e intrascendente. Esto mismo me ha pasado y por lo que sé, también a muchas personas que conozco.
            Desde luego quiero alejarme de esa interpretación y evitar eso tan feo que es encasillar o etiquetar a la gente. Cerrar juicios definitivos hoy, que mañana o pasado no tendrán ningún sentido y habrán perdido su fuerza y validez, sino que más bien estoy pensando por ejemplo, en que no se puede amar si no se conoce y al considerar seguir conociendo progresiva y constantemente a las personas se llega de esta forma ineludible a amarlas cada vez más. Por el contrario, el desconocimiento no es obstáculo para el odio. Más aún, por lo general se odia desde el desconocimiento, desde el olvido o la omisión. Se odia también por envidia de lo que el otro tiene, y muchas veces se desconoce los trabajos, los esfuerzos, los ayunos que hay detrás de lo que los otros tienen.
            ¿Será que el conocimiento de una persona requiere una actitud contemplativa y la contemplación es una cualidad fundamental en el amor? Cuando alguien se empieza a enamorar, comienza por contemplar a quien llama su atención. Como con un catalejo ve sus mejores cualidades muy aumentadas, y por el contrario, da vuelta la lente para ver sus defectos, los que parecen alejarse hasta quedar minimizados, carentes de importancia y muchas veces totalmente ausentes.           
            ¿Será que la vida es una fuente permanente de cambios evolutivos y lo que ayer era hoy ya no es? ¿Y lo que hoy es, mañana ya no será? ¿Será por eso que a cada día bástale con su propio afán?
Mt 6,34-7,1 Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal. «No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Y por lo tanto a los seres queridos, se los debe amar cada día con renovado afán y es menester contemplarlos permanentemente para conocer su constante evolución y de este modo amar con un amor renovado a cada momento, con imaginación y creatividad, como lo es el mismo amor, que es creador, creativo e imaginativo.
            Al amor se lo debe agasajar a cada instante, como el novio que visita en su casa a la novia y le lleva una flor diariamente, el niño que obsequia a su maestra el ritual del respeto y buen trato, la madre que prodiga una caricia a su hijito cada vez que éste está a su alcance, el hijo que besa a la madre porque sí, por puro impulso. Puede ser que cambiar pañales a un bebe no sea una de las tareas más agradables, pero siempre hay implícito un placer en hacerlo, porque uno siente como siente el otro, e imagina el bienestar del amado; del enfermo que es visitado, del anciano a quien se le cortan las uñas y el cabello y a quien se hace sonreír.
            En algunas novelas de antaño era común en los diálogos amorosos que él le prometiera la luna y el sol a su amada. Y de eso se trata aunque no sea la vida una novela. Cuando uno es visitado con amor, es como si recibiera el sol, su luz y su calor; y cuando uno visita a alguien que lo necesita y espera, es como llevarle un pedacito de luna que quizás ilumine un poco su noche.
            ¿Cómo se hace para amar a la distancia entonces? ¿Qué vasos comunicantes son los encargados de mantener la vigencia de ese calor, si el amor no puede basarse en los recuerdos del ser querido? Los recuerdos quedan congelados en el tiempo y no avanzan, no viven, no fecundan, no se renuevan, sólo acompañan. ¿Cómo contemplar a quien no se lo puede ver? ¿Cómo no padecer ese “mal de ausencia” que tan bien han descrito muchos autores? ¿Cómo amar a quienes ni siquiera se tienen noticias de su existencia?
            Desde una perspectiva puramente científica y desprovista de humanidad se diría que es imposible; que es un enigma que no se puede ni siquiera vislumbrar en el plano de lo exacto, de las certezas y los hechos constatados. Misterio alejado… y de tan apartado, ajeno al hombre; pero no es así.
            La diferencia está en que el ser humano está predestinado a ser alguien cada día más, y ese crecimiento solo es posible por la obra que obra el amor. El hombre, imagen y semejanza de Dios, poniendo su confianza en Él y a través de Él puede amar a quienes le son desconocidos, mucho más puede amar a los seres cotidianos que ha conocido desde siempre. Decía el beato padre Don Orione: - Sólo la caridad salvará al mundo. – He allí los vasos comunicantes del amor; la Comunión de los Santos, en la que afirmamos creer cuando rezamos el credo en la Santa Misa.
            Confieso que alguna vez, cuando me dijeron: - Si no podemos vernos no importa. Nos encontraremos allí, frente al Sagrario, – sentía una pequeña frustración, ya que era consciente que estaría a muchos Km. de distancia de ese afecto. Pero a medida que uno se va metiendo más y más en el amor, se van encendiendo luces que permiten ver cosas, como que no solamente con aquellos que están lejanos en la distancia o en el tiempo uno puede encontrarse en el Sagrario, sino que se puede estar con los seres amados que han pasado su última barrera y están mas allá de la misma vida terrena.
            El amor, como misterio relacionado con el hombre, no es totalmente cerrado al entendimiento de éste. Solo basta esforzarse un poco y Dios va concediendo algunas pistas como para encender cada vez más el deseo de acercarse a Él, después de todo Él mismo es “El Amor” y quiere llegar a todos dándose a conocer a todos, y en el conocimiento está el amor. El Señor Jesucristo, además del Amor del Padre, revela una terrible frase que dirá al final: - Apartaos de mí… yo no os conozco. – Y dirá esto como Dios. Y como Dios nos ha creado por y desde su Amor… sin embargo nos maldecirá por no haber conocido al Amor con mayúsculas. El amor sencillo, limpio, sincero, paternal, fraternal, filial, conyugal… el amor que significa ser amigo; tales son sus verdaderas expresiones, donde están siempre presentes la paciencia, la fidelidad, la generosidad, la caridad.
            ¿Cómo amar entonces al lejano, al ausente… cómo brindarle estas hermosas cualidades?  No está ni ausente ni lejano, si está en el amor. Está en mí y yo en él y tan cercano como están mis manos a las que puedo ver y sentir. Si no puedo abrazar a mi padre porque murió, abrazaré a Jesús, a quien reconoceré y encontraré en un sufriente hermano mío, en mi amigo a quien visito y escucho hablar de sus cosas.
            Si no puedo estar con mi hija, a quien no puedo acompañar, estaré con mis otros hijos aceptándolos y amándolos, despojado de cualquier reserva por temores juicios o prejuicios que pudiera yo tener.
            Pienso en la Madre Teresa de Calcuta y con mi imaginación la veo abrazando, consolando y ayudando a bien morir a seres cuya repulsión es un gran desafío a vencer por su aspecto, sus llagas abiertas, su pestilencia y en muchos casos, su propia negativa a ser ayudados, argumentando cuestiones religiosas y culturales, o por la propia ignorancia en la que han nacido y crecido, causante principal de la pobreza y miseria que los enferma de la espantosa lepra que corrompe sus propios cuerpos. Y pienso también que así, como esos cuerpos mutilados y podridos en vida, deben lucir nuestras almas a los Santos ojos de Dios, de la Santísima Virgen y de muchos de sus santos que el Padre nos envía para rescatarnos, como si fueran otras Madres Teresas, y que las rechazamos esgrimiendo nuestra propia ignorancia y miseria espiritual, e insistiendo que nuestra enfermedad no existe.
            Claro que en Calcuta, según se puede ver; la pobreza, la miseria, la enfermedad, la ignorancia y todos los males que se puedan imaginar que degradan al hombre, son algo corriente y cotidiano. Al no llamar la atención y ser corriente se transforma en una forma de vida, en una cultura, en algo aceptado y «normal». Y así veo a nuestra sociedad occidental y «cristiana»; bien alimentada, con ciertos niveles de instrucción y de salud, con aparentes órdenes morales sociales y religiosos, pero sin embargo con enfermos gravemente infectados, tan llagados y pestilentes como aquellos pobrecitos de la Santa de Calcuta, que creen que así debe ser su vida, que aquello es normal, ya que culturalmente, hoy es aceptada esa condición repugnante del alma y siguen sosteniendo: - Yo no estoy enfermo, yo no le hago mal a nadie, yo no tengo nada de que arrepentirme… yo no le debo nada a mi prójimo… yo no le debo nada a Dios. –
            Uno de los flagelos más terribles para las almas son desde siempre las sectas, arma que históricamente es utilizada por los servidores de Satanás en todos los tiempos. Divide y reinarás, pareciera ser su lema; y quizás nos afecte tanto porque las sectas, es algo que todos llevamos dentro. Siempre que creamos que solamente nuestra forma de pensar y obrar es la correcta. Que solamente nosotros tenemos la razón y la verdad, y no hagamos esfuerzos para buscar y sumarnos al Sacrificio de Jesús en la Santa Cruz quien dijo: - “Todo ha sido consumado” - ¡Consumado! Puesto en la suma común a todos. Ya no queda nada reservado para luego o para otro, como cuando se consuma un matrimonio. Lo contrario sería consumir; es decir yo me llevo mi parte y que nadie me la toque.
            La Santa Cruz, a mi modo de ver, es toda la creación. Y El Redentor redimió a toda la creación corrompida por el pecado original. Nuestro Señor Jesús fue más allá de la redención del hombre. ¡Quiso y lo hizo! Restauró todas las cosas… toda la creación. El tiempo y el no tiempo. A los vivos y a los muertos, anteriores y posteriores a su venida. Para entenderlo debemos pensarnos como una sola cosa con el resto de la creación; una continuidad puesta en el tiempo para que crezca y se desarrolle, es como si toda la humanidad, pasada presente y futura fuera un solo hombre, y desde ya cuando uno se refiere a toda la humanidad dice: “el hombre”, y es a ese hombre al que se le ha dado el imperativo de: “Creced y multiplicaos”. En qué momento preciso de la historia de su vida, un niño deja de serlo para ser un joven; o en qué momento un adulto se convierte en anciano. Un hombre es un suceso que sucede en una sucesión de sucesos y que finalmente será resucitado… suscitado nuevamente por aquél que lo amó primero y que por amor lo creó.

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