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sábado, 16 de enero de 2010

¿MATRIMONIOS GAY?

Hace poco, respondía a una nota aparecida en Internet donde se hablaba de los «Matrimonios gay» y su legislación en España.

Este es el texto que escribí como comentario de la nota aparecida en Catholic.net.

¿Legalizar los matrimonios gay?, ¡es imposible!… ¡no existe tal cosa! No existe otro matrimonio que el de un hombre con una mujer. Podrá ser en todo caso una parodia de matrimonio, pero nunca un matrimonio, pues hay muchos aspectos en el matrimonio que no podrán ser cumplidos ni cubiertos en una unión de dos del mismo sexo. Aspectos sociales, morales, reproductivos y muchos más etcéteras, fuera de los aspectos religiosos, desde ya, que quedan fuera del alcance para tales uniones. Desde el aspecto personal, además, hay que tener en cuenta: cuándo ocurre la realización de un hombre y de una mujer, en el terreno que sea, que tampoco se podrá alcanzar en condiciones que contradicen ordenes naturales, legales y ni hablar de las sobrenaturales y trascendentes que están ordenadas de por sí en el hombre.

Esta caprichosa insistencia en llamar matrimonio a algo que no lo podrá ser nunca, se basa en una intención de hacer parecer aceptable algo que ya de por sí no lo es ni lo será, y que además tiene su origen en el placer del consentimiento de aberraciones en su naturaleza, de seres que no se ponen límites a sí mismos ni controles en sus pasiones, incluyendo aquellas que son desordenadas, como la de sentirse atraídos carnalmente por personas de su mismo sexo, pretendiendo dar a este caprichoso auto consentimiento distorsionado de su propia naturaleza, el eufemístico rango de «amor».

Pero lejos está todo esto del matrimonio, sin más. Ni auténtico ni falso; sólo matrimonio, ¡la única forma que existe de matrimonio! Por lo tanto, dicha legalización es una mentira más, la que dichas personas homosexuales se esfuerzan en creer, y procuran hacer creer al resto de la sociedad que esto es lo correcto, que debe ser aceptado por la mayoría, ya que esto le dará legitimidad al acto pretendido, pero hay millones de moscas que se alimentan de excrementos y nadie dice que esto sea democráticamente correcto, ni que sea esa la mejor forma de alimentarse.

Nosotros mismos, si aceptamos esa terminología, estamos dando validez y consentimiento a tal aberración. De la misma manera, si levantamos un muro de lógica negación a que esto sea posible en nuestras comunidades, invertimos el proceso de las moscas, que aunque sean mayoría, no se alimentan de la misma forma que lo hacen las personas.

Hace unos momentos, mientras trabajaba en un nuevo proyecto radial, recibí la terrible noticia de cien mil muertos por el terremoto en Haití.

A esta altura uno se pregunta: ¿Qué espera la humanidad para convertirse?

Hace porco recibíamos también la noticia de una reunión de las altas cumbres políticas para tratar el tema del recalentamiento global, donde nefastos personajes como la senadora Hilari Clinton adjudicaba el recalentamiento a «un exceso de población en el mundo», al que debía controlarse con más anticonceptivos, abortos y «políticas sanitarias» en las escuelas de «educación sexual».

Por supuesto, nada dijo de las deforestaciones, del envenenamiento de las aguas con cianuro por el sólo hecho de «lavar el oro». El uso indiscriminado de pesticidas, productos todos que nacieron en la segunda guerra mundial con la sola finalidad de «exterminar poblaciones enteras mediante guerras químicas con esos mismo productos», que al ser aplicados exterminan muchas formas de vida rompiendo equilibrios ecológicos y ecosistemas…

O las tan promocionadas «pruebas nucleares» que se realizan en todo el mundo, anunciadas y clandestinas, y otros cientos, sino miles de temas más que provocan este tan mentado «efecto invernadero» y la desertificación de extensos territorios y áreas verdes en todo el planeta.

¡El hombre y su ciencia! ¡El hombre y su tecnología! ¡El hombre y su supuesta sabiduría!…

El hombre es una unidad integrada. Y esa unidad que es el hombre tiene tres aspectos que la integran y cada uno es afectado por los otros dos.

Muchas veces hemos oído hablar de «hombres íntegros» o de la integridad del hombre… ¿pero qué es un hombre íntegro?

El hombre íntegro, es también un hombre equilibrado… un hombre en su centro… ¡centrado!, que le dicen… Un hombre en que esos tres elementos integrantes están en equilibrio: Cuerpo, mente y espíritu.

¡El cuerpo!, por el cual «el hombre es». El cuerpo hace que el hombre haga o deshaga. El cuerpo es el que es capaz de reproducirse en más de la misma especie. Es lo que le permite al hombre «funcionar como tal», teniendo en cuenta que la función hace al objeto. Un martillo será un martillo en la medida en que sirva como martillo y clave clavos, de lo contrario podría ser sólo un adorno con forma de martillo. Un hombre será un hombre, cuando «funcione como hombre» desde el punto de vista de su cuerpo.

Pero además hay otros dos elementos que enseguida veremos que son la mente y el espíritu.

Comenzando por la mente nos encontramos que el hombre antes de actuar y de obrar con su cuerpo, está previamente condicionado por su mente. El hombre obra de acuerdo a lo que piensa, imagina, crea, pergeña, etc., a veces con aciertos, otras con errores, pero lo cierto es que el hombre tiene esa capacidad que se llama razonamiento, que otros seres que habitan el planeta no tienen.

En definitiva, el hombre esta sujeto a sus ideas, tradiciones, cultura, educación recibida… en fin; todo lo que su mente, sus pensamientos, su imaginación y sus recuerdos puedan crear, decidir, expresar, anular etc.

Y por último el otro gran pilar del hombre que es su espíritu, su parte trascendente… la parte que subsistirá una vez que el hombre físico desaparezca del haz de la tierra.

Allí se encuentran sus valores, su conciencia del bien y del mal, sus criterios más íntimos… aquello que lo mueve y conmueve, sus sentimientos más profundos que dictarían a su mente lo que luego ejecutará su cuerpo.

Si es amor, será amor. Si odio, será odio lo que reflejen sus obras… y hasta donde se sabe; no existen obras de hombre sin consecuencias. «A toda acción le sigue una reacción», una de las primeras lecciones que aprendimos en el colegio… y se podría agregar que a toda reacción le siguen las consecuencias…

Por lo tanto, el hombre debe saber que en todo plano, sus acciones tendrán sus consecuencias… ¡En todo plano!: en el material o físico, en el de las decisiones que su intelecto le ha permitido tomar y por supuesto, su parte trascendental; su espíritu, no escapa a esta regla.

Así como el mismo hombre ha ocasionado desertificaciones y recalentamiento global, provocando verdaderos desastres en el mundo a través de sus malas obras, de sus malos proyectos, lo ha hecho también a través de sus faltas a la moral… de sus faltas al amor, de sus faltas a las leyes originales, donde supuestamente el hombre basa sus leyes. Esas leyes que mantienen en perfecto orden los planetas en el cosmos, que hace que haya estaciones diferentes en el planeta… ciclos de nacer y de morir para los seres vivos, ciclos femeninos, ciclos de gestación y evolución… de pleamar y bajamar. ¡Todo está ordenado!… pero es el hombre quien lo desordena. Quiere manejar todo a su antojo y capricho.

Y luego viene entonces la consecuencia; en lo material, en lo intelectual y en lo espiritual. ¿O alguien me va a decir que no hubo lágrimas por los cien mil muertos en Haití? ¿O alguien puede asegurar que semejante catástrofe no está relacionada con el obrar, pensar y sentir del hombre en el mundo?

El hombre ha perdido su centro, su equilibrio, su armonía, su integridad. Hoy ya nadie habla de la integridad, de un bienhechor, de un hombre sabio y justo… ¡No tiene prensa un hombre así!… tiene más prensa alguien que se quiere casar con otro de su mismo sexo, o que culpa a los inocentes que aún no han nacido del calentamiento global, que alguien preocupado y ocupado por la vida…

Se gasta más dinero en una película que en escuelas o en comida para que niños de todo el mundo no mueran de hambre…

Sí, hemos llorado con mi esposa por los cien mil muertos en Haití… nos hemos conmovido… no son números ni estadísticas los que han muerto… ¡son personas!… son en definitiva hermanos de una misma raza humana a la que pertenecemos, con un cuerpo, una mente y un espíritu que nos identifica.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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